
MEMORIAS DE UN TAXISTA
Por: Gael Buendía/
A Simple Vista
La musa de Napoleón el cantante, era un “Pajarillo de Blancas Alas” y cuando le preguntaban el nombre de la chica solía decir “No lo sé” la canción salvo la opinión del lector es un poema en homenaje a las chicas de tacón dorado quienes cada noche se paran bajo un farol para brindar sus caricias al mejor postor.
La chica de quien no recuerdo su nombre cierto noche fría y con amenazas de que lloviera me hizo la parada y pregunto “¿manito me puedes llevar a Garibaldi?”
Por toda repuesta abrí la portezuela de mi vochito y al instante ya estábamos enfrascados en una amena conversación como si nos conociéramos de muchos años.
A leguas me imaginé que ejercía el oficio más antiguo del mundo, por lo que sin más preámbulos le hice la pregunta “”¡Con este frío! ¿Crees obtener clientes?
-Espero que sí, aunque sea uno- dijo añadiendo- al menos que salga pa¨´ el chivo de mañana. Y tú, ¿a qué horas termina tu turno?
-Por lo regular a las 2 de la mañana, pero si llueve me voy antes a casa.
- ¿podrías pasar por mí a esa hora? Pregunto
. ¡Si, claro!
Y desde entonces nos hicimos grandes camaradas. Pasaba por ella a su casa, la llevaba a su esquina y luego la recogía. Algunas veces tenía que esperar señal que atendía un cliente o viceversa. Y cuando el negocio estaba muy flojo tanto para ella como para mí nos enfrascábamos en la plática a veces con anécdotas de sus clientes o de mis pasajeros.
-Que crees manito, hoy atendí un cliente que por lo regular solicita sexo oral y por descuido traía el anillo matrimonial y le pregunté; Oye, ¿acaso tu esposa no te hace sexo oral?
- ¡Que te pasa mi esposa no es piruja! -Me contesto muy enojado.
-¿Cómo ves manito la mentalidad de algunos “machitos?”
Así es, de que los hay, los hay, y ya que tocas ese tema cierto día encontré una pasajera que al subir sin más ni más me propuso la llevara a un lugar discreto. Por supuesto no me hice del rogar y sin ser un adivino intuí lo que la dama. Estaba buscando así que llevándome por mi instinto le hice el servicio completo.
La dama luego que termináramos nuestro encuentro carnal me confesó que su marido era trailero y cuando llegaba a casa se quejaba de que estaba agotado y muy a fuerzas le hacía el amor.
-Una noche- se quejó mi pasajera- le sugerí cambiáramos de posesión y casi me mata “¿Dónde chingados aprendiste eso? ¡Újule y eso que no le propuse hacer el 69… imagínate!”
Le pregunté si nos podríamos ver en otra ocasión y por toda repuesta dijo “Si el destino nos vuelve a juntar si… no quiero ningún compromiso ni poner en peligro mi hogar”.
Respete su decisión y luego de esa experiencia aprendí que a una mujer la debes tratar como ella te indique y eso no la hace ni más piruja ni más santa-
-Muy cierto manito, yo conozco a chicas que se dedicaron a este oficio, se encontraron a un buen hombre, la sacaron de ejercer este oficio y ahora son las mujeres más santas dedicadas a su hogar y a su hombre. En cambio, otras que las creen muy santitas son unas pirujas que buscan fuera de su hogar quien las complazca, por ejemplo, tu pasajera. -
Debo decir que, al igual que Napoleón, nunca dispuse de su tiempo ni de su piel. De su tiempo cuando la noche era muy floja. ¿Y de su piel? La verdad que no me vino esa idea, sobre todo porque desde el momento que me dijo “manito” se forjó un respeto mutuo-
-¿Su nombre? La verdad no lo recuerdo e ignoro que fue de su vida, para esto ya pasaron varios inviernos e imagino que hoy en día está en su mecedora rodeada de sus nietos… Oh… “Como quiera que sea, ¡que Dios la bendiga…!
Dicho lo anterior, El Vagabundo, muy molesto por ignorarlo, se levantó de su sillón y agarro camino rumbo a la salida del pueblo. Sorry…

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